Prosumidores del Amor

Como cada año, el Papa dedica unas palabras a los comunicadores el día 24 de enero, por la memoria de San Francisco de Sales. Cada Pontífice –como su nombre bien lo dice– ha tendido un puente con la comunicación de distintas maneras y formas. Durante estos últimos años, el Papa Francisco nos ha invitado a reflexionar desde tres verbos: Ir, ver y escuchar. Este año damos un salto y cribamos estos verbos desde el corazón.

La palabra, con la que me atrevo a titular este breve comentario al mensaje de la 57ª jornada mundial para las comunicaciones sociales, me parece fundamental para el momento en el que vivimos. Prosumidor es un término técnico de comunicación digital, que nace de la combinación de las palabras ‘productor’ y ‘consumidor’. Un prosumidor es una persona que no solo consume contenido, sino que crea, comparte y difunde el contenido que consume; incluso, con su influencia puede llegar a mejorar el contenido.

Ahora bien, ¿qué tiene que ver esto con el mensaje del Papa Francisco? Pues mucho; en el mensaje de este año se nos invita a los profesionales de la comunicación a “comunicar cordialmente”. Nos exhorta a pensar que las personas que nos leen, o escuchan nuestros mensajes comparten nuestras alegrías y tristezas, nuestros miedos y nuestras angustias. La comunicación cordial implica poner el corazón en lo que se comunica, sabiendo que esto puede ayudar a la persona que recibe el mensaje.

El Papa nos recuerda que vivimos un periodo histórico marcado por la polarización y las contraposiciones, donde los comunicadores tienen la responsabilidad de hablar con el “corazón y los brazos abiertos”. También, las personas que comparten las noticias que los profesionales realizan con tanto amor.

El comunicador –apunta el Papa– con sus palabras amables abre una brecha, incluso en los corazones más endurecidos. El Pontífice recuerda la importancia del amor y pone como ejemplo a san Francisco de Sales, quien apuntó: “Somos lo que comunicamos”.

En estos años como comunicador he aprendido mucho de estos mensajes; este año me quedo con dos cosas como tarea para este 2024. Primero, comunicar demostrando pasión, ternura, buscando y contando la verdad, con valor y libertad. La segunda es un sueño compartido con el Papa: “Sueño una comunicación eclesial, que sepa dejarse guiar por el Espíritu Santo, amable y, al mismo tiempo, profética; que sepa encontrar nuevas formas y modalidades, para el maravilloso anuncio que está llamada a dar en el tercer milenio. Una comunicación que ponga en el centro la relación con Dios y con el prójimo, especialmente con el más necesitado y que sepa encender el fuego de la fe, en vez de preservar las cenizas de una identidad autorreferencial. Una comunicación, cuyas bases sean la humildad en el escuchar y la parresia en el hablar; que no separe nunca la verdad de la caridad”.

Un año más, el Santo Padre nos sorprende con un emocionante mensaje, que nos reta a vivir “escuchando el latido de los corazones, para descubrirnos hermanos y hermanas, y desarmar la hostilidad que nos divide”. Es un reto, pero así es la vida de los comunicadores de la iglesia. Simplemente, apasionante.

Fray Alfonso J. Dávila Lomelí, OAR