Augustinus dixit…

Augustinus dixit…

Cada 28 de enero recordamos a santo Tomás de Aquino, uno de los más grandes teólogos de la Iglesia. Entre sus muchos referentes, también estuvo san Agustín. Le hemos preguntado al agustinólogo Fr. Enrique Eguiarte cuál fue la influencia del Obispo de Hipona en el pensamiento y la obra del Doctor Angélico.

La Summa Theologiae de santo Tomás de Aquino representa una verdadera obra maestra de la teología escolástica que marcó un hito en los estudios teológicos, y que sigue teniendo una gran actualidad. Dentro de ella podemos encontrar cientos de veces la expresión que encabeza este texto, Augustinus dixit, ya que continuamente santo Tomás vuelve sus ojos hacia la autoridad de san Agustín para fundamentar sus elucubraciones, y para construir su propia reflexión teológica sobre un fundamento firme y seguro.

A lo largo de la Summa Theologiae podemos darnos cuenta cómo santo Tomás ha leído y estudiado con atención la obra de san Agustín, tanto las obras canónicas, como las obras que en su tiempo circulaban bajo el nombre de san Agustín, y a las que el mismo Aquinate pudo tener acceso, como es el caso del Ambrosiaster y San Fulgencio de Ruspe (al que cita específicamente en la C.31 a. 2, creyendo que se trata de san Agustín).

De entre las obras agustinianas, posiblemente el libro más citado sea el De Trinitate. Por ejemplo en la C. 1 a. 2, para justificar el estudio de la ciencia sagrada y cuáles son sus objetivos. Por ello hace referencia al De Trinitate XIV, 7, y cita estas palabras de san Agustín: “A esta ciencia (sc. la teología) pertenece solamente aquello con lo que se fecunda, alimenta, defiende y robustece la fe que salva”.

Más adelante, para señalar que el hombre que tenga como causa y fundamento de su vida al mismo Dios puede ser llamado sabio, cita de nuevo el De Trinitate de San Agustín diciendo: “de aquí que la sabiduría sea definida como ciencia de lo divino, según refiere Agustín en el libro XII De Trinitate”.

Pero la figura de san Agustín no solo le sirve para fundamentar su pensamiento estrictamente teológico. Santo Tomás nos muestra que ha leído las obras más importantes de san Agustín, o por lo menos había estudiado bien los Florilegios de su época, pues al hablar de la autoridad de la Sagrada Escritura y de la importancia de los libros canónicos —como el mismo san Agustín había ya apuntado en su obra De Doctrina Christiana—, destaca el hecho de que la fe se fundamenta en las enseñanzas que se encuentran recogidas en las Sagradas Escrituras, en las que es preciso distinguir los libros canónicos, de los libros apócrifos. Y así señala santo Tomás: “Por eso dice Agustín (dixit Augustinus) en su carta a Jerónimo: ‘Solo en los libros de la Escritura llamados canónicos he depositado el honor de aceptar y creer sin reservas que su autor no se equivocó al escribirlos. Los demás libros, por muy grande que sea la santidad y la doctrina que en ellos puedo encontrar, no por eso los acepto sin más, a pesar de que sus autores vivieron y escribieron como santos y sabios” (ep. 82, 3).

Pero a pesar de la ubicuidad del De Trnitate de san Agustín dentro de la obra del Aquinate, no están ausentes otras obras clásicas, como las Confesiones, de las que echa mano santo Tomás para ejemplificar que los filósofos —como el mismo Aristóteles, a quien específicamente cita en el texto—, llegaron a la idea de un Dios, pero no  del Dios cristiano, pues aunque tenga muchos elementos semejantes, no es un Dios encarnado, subrayando la importancia de la misericordia y la cercanía del Dios cristiano (c. 32 a. 1). Así dice santo Tomás: “También Agustín en Confesiones VII dice: ‘(En los libros de los platónicos) leí no con las mismas palabras, pero sí es completamente igual, con muchos y variados argumentos persuasorios, que en el principio era la Palabra y que la Palabra estaba junto a Dios y que la Palabra era Dios’.

Santo Tomás de Aquino nos ha dejado un verdadero monumento del pensamiento cristiano en su Summa Theologiae. Su obra es un continuo diálogo con las Escrituras, con la tradición teológica y con los Padres de la Iglesia, particularmente con san Agustín. Por ello se podrían poner perfectamente en boca de santo Tomás de Aquino las palabras de Calvino: Augustinus totus noster est!

Fr. Enrique Eguiarte, OAR